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Guía The Elder Scrolls V: Skyrim

Libros de habilidades

Inversia

 

 

-Habilidad: Restauración

-Peso: 1

-Valor: 55

-Código: 0001B014

 

Se puede encontrar en las siguientes localizaciones.

 

Lugar 1

 

Caverna de Cuenca de la Melancolía

 

En la Caverna de Cuenca de la Melancolía, al Sureste de Markarth.

 

Lugar 2

 

En el Templo de Kynareth (Carrera Blanca).

 

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“A ver,” dijo Kazagha, “¿por qué no quieres hablar?”

 

Zaki bajó su jarra de hidromiel y se quedó mirando fijamente a su esposa durante unos segundos. Finalmente, dijo a regañadientes: “Bueno, no quiero hablar porque cada conversación que tengo, querida, fluye en orden alfabético. Justo como te dije. Creo que la única forma de pararlo es no hablar en absoluto”.

 

“Caramba, ¿y no podrían ser imaginaciones tuyas?”, dijo Kazagha pacientemente. “No sería la primera vez que tienes una ilusión paranoide de locos. ¿Te acuerdas de cuando decías que el mago guerrero real de la Ciénaga Negra se escondía detrás de cada árbol con intenciones perversas y que intentaba convertirte, a ti, un sastre de mediana edad, gordo y calvo, en su esclavo sexual personal? No debes avergonzarte, pero es designio de Sheogorath volvernos a todos un poco locos a veces. Si fueses al curandero...”

 

“¡Demonios, Kazagha!”, gruñó Zaki saliendo de sopetón y dando un portazo tras de sí. Estuvo a punto de chocar con Siyasat, su vecina.

 

“Eh... perdón”, dijo esta cuando Zaki ya se había dado la vuelta. Se tapó las orejas con las manos y se fue calle abajo como un torbellino, doblando la esquina hacia su sastrería. Su primer cliente estaba esperando delante con una gran sonrisa. Zaki intentó mantener bajo control su temperamento y sacó las llaves, devolviéndole la sonrisa al cliente.

 

“Fabuloso día, ¿no?”, dijo el joven.

 

“¡Gañán!”, gritó Zaki, mandando al tipo por los aires con un certero puñetazo y marchándose a toda velocidad.

 

Por mucho que odiase admitirlo, Kazagha tenía razón. Era hora de volver a por uno de los cócteles herbales del curandero. El templo de salud física y mental de Tarsu estaba varias calles más al norte y era un obelisco impresionante. Halga, la herborista jefe, se encontró con él antes de llegar a la entrada.

 

“Hombre, ¿cómo te encuentras hoy, Sa’Zaki Saf?”

 

“Igual necesito que me den cita con Tarsu”, dijo Zaki con su voz más tranquila.

 

“Justo aquí, en la agenda, tenemos la solución. Espera un momento”, dijo Halga mirando un pergamino. “¿Es una urgencia?”

 

“Kilométrica”, dijo Zaki pegándose un golpe en la cabeza. ¿Por qué no habría dicho sí, o claro, o por supuesto?

 

“Lo vamos a comprobar ahora mismo”, dijo Halga frunciendo el ceño. “Puedo darte una cita para el próximo Middas como muy pronto. ¿Te va bien?”

 

“¡Middas!”, gritó Zaki. “En Middas ya seré un psicótico total. ¿No puede ser antes?”

 

Sabía cuál sería la respuesta antes de que ella la dijese. No había alternativa. En cierto modo había provocado esa respuesta. Si hubiera proseguido la conversación hasta la “S”...

 

“No”, dijo Halga. “Lo siento. ¿Quieres que te dé la cita...?”

 

Zaki se marchó rechinando los dientes. Vagó por las calles con la cabeza gacha para evitar todas las conversaciones, hasta que la levantó de nuevo y descubrió que había caminado hasta llegar al muelle. Del mar venía una dulce brisa, y Zaki tomó varias bocanadas de aire hasta que se sintió casi normal. Cuando se tranquilizó, fue capaz de volver a pensar. ¿Y si la conversación alfabética no era para nada una ilusión? ¿Qué pasaría si lo que sentía no era paranoia, sino una aguda consciencia? Se dio cuenta de que era el dilema clásico: ¿estoy loco o es que pasa algo raro?

 

Cruzando la carretera había una tienda llamada ParaDocks que tenía un escaparate de hierbas, cristales y esferas que contenían vapores. El letrero de la ventana decía “Consulta mística del amanecer al mediodía”. Valía la pena probar, aunque Zaki dudaba. Normalmente, los únicos que venían por el muelle a que los curasen eran aventureros estúpidos que no tenían ni idea de nada.

 

Había nubes rosas y doradas de incienso que ocultaban y después revelaban el montón de cosas que había dentro de la tienda. En las paredes había máscaras jijjic de la muerte frunciendo el ceño, del techo colgaban incensarios humeantes y el suelo era un laberinto de estantes de libros. En una mesa muy gastada del fondo, un hombrecillo con un tocado estaba sumando las compras de una joven doncella.

 

“Ñoñerías”, dijo el hombre. “Todo esto hace un total de cincuenta y siete monedas de oro. El acondicionador de escala restaurativa te lo pongo gratis. Y recuerda que la vela hay que encenderla solo después de invocar a Goroflox el Impío y que la raíz de mandrágora va mejor con algo de sombra”.

 

La clienta dedicó una sonrisa tímida y rápida a Zaki y salió de la tienda.

 

“¡Oh, por favor, ayúdeme!”, dijo Zaki. “Todas las conversaciones en las que me veo implicado o escucho están en orden alfabético. No sé si me estoy volviendo loco o si hay fuerzas extrañas que lo provocan. Para serle sincero, normalmente soy muy escéptico con este tipo de negocios, pero estoy al límite. ¿Puede hacer algo para que se termine esta locura?”

 

“Pues este es un problema bastante común”, dijo el hombrecillo, dándole a Zaki unas palmadas en el hombro. “Cuando llega al final del abecedario, ¿las conversaciones van en orden alfabético inverso o comienzan desde el principio del abecedario?”

 

“Quedan al revés, en orden inverso”, dijo Zaki, corrigiéndose luego. “¡Maldita sea! Quiero decir que empieza de nuevo desde el principio, siempre igual. Estoy agonizando. ¿Puede invocar a los espíritus y decirme si estoy loco?”

 

“Relájese, Sauriki”, dijo el hombre con una sonrisa tranquilizadora. “No tengo por qué invocar a los espíritus. Usted está bien”.

 

“Se lo agradezco”, dijo Zaki frunciendo el ceño. “Por cierto, me llamo Zaki, no Sauriki”.

 

“Tampoco me he alejado mucho, ¿eh?”, dijo el hombrecillo, dándole unas palmadas en la espalda. “Yo me llamo Octoplasmo. Sígame, por favor. Creo que tengo lo que usted necesita”.

 

Octoplasmo llevó a Zaki por el estrecho pasillo que partía desde detrás del mostrador. Los dos hombres pasaron unas polvorientas vitrinas llenas de extrañas criaturas en líquidos, montones de piedras neolíticas y pilas de libros forrados en cuero enmohecidos, y llegaron al frío y húmedo corazón de la tienda. Allí, el hombre cogió un libro y un pequeño tambor cilíndrico y achaparrado y se los entregó a Zaki.

 

“¡Uff! ¡Vampirismo, posesión daédrica y terapia de Withershin!”, exclamó Zaki, entrecerrando los ojos para leer el libro en la penumbra. “¿Qué diantres tiene esto que ver conmigo? No soy un vampiro, fíjese en mi bronceado. ¿Y qué es la terapia de Withershin y cuánto me va a costar?”

 

“Viene del antiguo withersinés de Cyrodiil, que significa al revés” dijo Octoplasmo en tono serio. “Es el arte de invertir la dirección de las cosas para alcanzar el acceso al mundo espiritual y romper las maldiciones, curar el vampirismo y aplicar todas las formas de curación apotropaica. ¿Conoce la historia del tipo al que después de decirle que el pez asesino vive en aguas calientes, dijo “Bueno, pues hirvámoslo en agua fría”?”

 

“Whisky, digo, Xenofo”, dijo Zaki instintivamente, ya que su hermano había escogido un curso superior bastante esotérico sobre filosofía cirodílica como materia optativa en la Universidad Imperial treinta y un años atrás, de lo que se arrepintió inmediatamente. “¿Y para qué sirve esa cosa cilíndrica?”

 

Octoplasmo encendió una vela y puso el objeto sobre ella para que Zaki pudiese verlo mejor. Había hendiduras bastante estrechas por todo el cilindro, y cuando Zaki se puso a mirarlas detenidamente, vio una sucesión de viejos dibujos en blanco y negro de un hombre desnudo saltando sobre unas cajas, fotograma tras fotograma.

 

“¿Xenofo, whisky? Dejémonos de tonterías. Tiene que girarlo así”, dijo Octoplasmo, girando lentamente el aparato en el sentido de las agujas del reloj, de modo que el hombre dibujado saltaba las cajas una y otra vez. “Se llama zoetrope. Ingenioso, ¿verdad? Ahora coja esto y comience a girarlo en sentido contrario a las agujas del reloj mientras lee este encantamiento que he marcado en el libro.

 

Zaki cogió el zoetrope y comenzó a girarlo en el sentido contrario a las agujas del reloj sobre la vela, y el hombrecillo desnudo parecía saltar las cajas de espaldas. Para alcanzar un ritmo constante necesitó cierto grado de coordinación y concentración, pero poco a poco los saltos hacia atrás torpes y entrecortados se volvieron más fluidos, hasta que Zaki ya no podía ver los cambios de fotograma. Parecía un pequeño hámster humanoide en una rueda de andar a la inversa y sin fin. Mientras seguía girando el zoetrope con una mano, Zaki cogió el libro con la otra y comenzó a leer el pasaje subrayado.

 

“Y así el zoetrope gira sin fin, gira sin fin, gira sin fin / Sácame de la rutina en la que me metí / Yo invoco a las Diosas Boethiah, Kynareth y Drisis / Para invertir mi potencial y metafísica crisis / Puede que mi antigua vida fuese simple y no tuviese sentido / Pero no me gusta la idea de volverme loco, de ser un perdido / Que la situación se invierta mediante este withershin / Zoetrope gira sin fin, gira sin fin, gira sin fin”.

 

“¡Zambomba!”, pensó. Mientras recitaba el hechizo, Zaki comenzó a notar que el hombrecillo desnudo del zoetrope comenzaba a parecerse a él mismo. El bigote se desvaneció y la línea de nacimiento del pelo se fue para atrás. La cintura del hombre aumentó y las nalgas cogieron la forma y la textura de globos medio inflados. Le aparecieron escamas que se parecían a su propio perfil de argoniano. El hombre comenzó a tropezar mientras seguía saltando las cajas de espaldas, respirando cada vez más fuerte y sudando. Cuando Zaki llegó al final del encantamiento, su gemelo comenzó a agarrarse el pecho y a tropezar cada vez más sobre las cajas, como en una caída libre.

 

Octoplasmo cogió el zoetrope y el libro de las manos de Zaki. Parecía que nada había cambiado. No hubo ningún gran estruendo. De la cabeza de Zaki no brotaron serpientes con alas. No hubo enormes explosiones. Pero Zaki sentía que había algo diferente. Muy diferente, pero bueno. Normal.

 

En el mostrador, cuando Zaki sacó su saquito de monedas de oro, Octoplasmo sacudió la cabeza con un signo de negación: “Zoetrope del plazo largo a efectos los son cuáles saber podemos no, naturalmente. Cobrar a voy le no”.

 

Zaki salió de espaldas de la tienda y deshizo el camino hacia su tienda, también marcha atrás, sintiendo la primera sensación de alivio en muchos días.

 

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Información del juego

The Elder Scrolls V: Skyrim

Plataforma: PC, PlayStation 4, Xbox One, PlayStation 3, Xbox 360

Desarrollador: Bethesda Softworks

Distribuidor: Bethesda Softworks

Fecha: 11 Noviembre 2011

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