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Guía Call of Cthulhu: Shadow of the Comet

El fin de Narackamous

 

 

Volví a desmayarme frente a la mansión de los Hambleton, pero afortunadamente el doctor Cobble me encontró y me llevó de vuelta a mi habitación. Me explicó que el sargento Baggs había descubierto los cadáveres y sospechaba de mí, y antes de marcharme me entregó una nota en la que Underhouse me rogaba que me pusiera en contacto con él.

 

Estaba preguntando por Underhouse a la señorita Guildchrist en la oficina de correos cuando apareció el sargento Baggs. Me ofrecí a ser interrogado en la oficina de Underhouse y allí, cuando el sargento me preguntó dónde había pasado la noche, mi amigo me sirvió inesperadamente de coartada diciendo que había pasado la tarde conmigo y había visto a uno de los vecinos del pueblo merodeando por la casa de Coldstone.

 

El sargento se marchó confundido de la habitación. Sin darme apenas tiempo a agradecerle su ayuda, Underhouse me explicó que conocía a un anciano indio llamado Natawanga que vivía en el centro del bosque y que podría ayudarme. Me entregó una pluma con la que podría contactar con él, pero me dijo que para poder acabar con Narackamous necesitaría un arco y una flecha sagrada.

 

Me dirigí al almacén de pescado y allí Bishop me explicó que no había podido hablar con Curtis porque la puerta estaba cerrada. Cogí un palo que encontré cerca del almacén y retiré con él la barra de madera que bloqueaba la puerta, pero alguien había colocado desde el interior una cadena con un candado. Cogí el alfiler del broche y con su ayuda pude abrir el candado y entrar en el almacén.

 

Dentro, el espectáculo no podía ser más estremecedor: Curtis Hambleton colgaba boca abajo goteando sangre de un gancho elevado sobre el centro de la sala. Nada podía hacer por él, de forma que examiné detenidamente la habitación y encontré el arco sagrado en la chimenea y la flecha escondida bajo uno de los tablones del suelo, en la parte izquierda de la sala.

 

Me dirigí al bosque y coloqué la pluma sobre un árbol cortado, en la misma localidad del árbol gigante en el que correteaba una ardilla. Súbitamente, apareció la misma corneja que había arrebatado el pergamino de Narackamous y cogió la pluma, momento en el que me ví convertido en un hermoso pájaro blanco que siguió a la corneja hasta una casa. Allí, recuperé mi forma humana y conocí a Natawanga, el viejo indio del que me había hablado Underhouse.

 

Natawanga me hizo varias preguntas para asegurarse de mis conocimientos sobre los sucesos de Illsmouth, momento en el que me hizo entrega de un bote de pintura para protegerme de los malos espíritus y un anillo sin piedra. Me explicó que Narackamous vivía en un ojo excavado en el interior de la tierra y que solamente el fuego me ayudaría a acabar con él.

 

El ojo del que me había hablado el anciano indio no era otro que el pozo situado cerca del faro. Descendí por una escalera hasta las húmedas profundidades del pozo, y allí arrojé el bote de pintura sobre el agua para calmar la furia de las olas. Recogí un bidón vacío y un bidón de ácido y, en la siguiente localidad, llené el bidón vacío en el charco de nafta y recogí unos pedernales.

 

El diabólico hechicero indio dormía el sueño de los muertos en la última sala. Sin perder un segundo, arrojé la nafta al suelo y la hice arder con los pedernales para rodear a Narackamous con un círculo de fuego y, antes de que pudiera atacarme con sus conjuros, disparé contra él la flecha sagrada.

 

Segundos después de la desaparición definitiva del malvado hechicero fui sorprendido por la aparición de Lord Boleskine diciéndome que debía viajar a la isla situada frente al pueblo para acabar con Dagon, la repugnante criatura marina que había engendrado a Curtis y Wilbur Hambleton. Recogí una mariposa, una turquesa y una aguamarina y abandoné el pozo, no sin antes volver a llenar el bidón con nafta.

 

Fuente: Juegomania.org